Lo efímero

Un baúl lleno de cartas, lleno de cartas. Un montón de papeles llenos de historias, llenos de letras. Un montón de letras formando palabras, palabras. Un montón de palabras contando la historia de una vida, un montón de vidas. Las cartas, los diarios, los cuadernos, las agendas. Todo eso era la vida, llenando carpetas y cajones, librerías y arcones. Eran los rastros, las huellas, las huellas que superaban la propia existencia del escriba. Quedaban detrás mucho tiempo después como vestigios, vestigios de su paso por el mundo, para recordar que Nomen Nescio un día estuvo aquí.

¿Qué será entonces de nosotros cuando no haya papeles, papeles? Cuando olvidemos el movimiento de la mano sobre la hoja en blanco marcando el trazo de las letras, las letras. Cuando mueran las cartas, los diarios y cuadernos y todo sean mailsmailsjournalsjournalsappsapps. Cuando todo sean datos, datos. Cuando, después de que nuestra carne se pudra, se seque y se descomponga, ya no queden escritos que glosen nuestro recuerdo. Lloraremos entonces lágrimas digitales y dejaremos emojis en posts tan fugaces que no durarán ni siquiera el tiempo que tarde en pronunciarse nuestro propio nombre, nombre. Y ese nombre será solo unos y ceros, unos y ceros que nadie se molestará en conservar en ninguna nube, nube. Seremos lo efímero, efímero.

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